Una de las preguntas que más me hacen es cómo desarrollo mis obras. Muchas personas imaginan que un artista tiene una idea y comienza inmediatamente a trabajar en un solo cuadro. Mi proceso es bastante diferente.

Rara vez pienso en una única obra.
Cuando surge una idea, no veo una sola pintura; veo una serie completa.
Me gusta pensar en una idea como el tronco de un árbol. De ese tronco nacen muchas ramas. Cada nuevo concepto tiene el potencial de convertirse en diez, quince o incluso más obras. En lugar de concentrarme en una sola pieza, exploro todas las posibilidades que esa idea puede ofrecer.
Por ejemplo, cuando empecé a combinar el bordado con el papel, no pensé en crear una sola obra bordada. Comencé a imaginar todas las formas en las que el bordado podía interactuar con mis pinturas. ¿Podría aparecer en un vestido? ¿Podría recorrer el cabello? ¿Podría florecer detrás de una figura como si fuera un jardín? ¿Podría convertirse en una corona, en un adorno o incluso en una extensión simbólica del personaje?
Lo mismo ocurrió con mi serie de muñecas egipcias. Nunca imaginé una sola muñeca. Visualicé una colección completa, donde cada una tuviera su propia personalidad, simbolismo e historia.
Una vez que tengo un tema en mente, comienzo a anotar todas las posibilidades que se me ocurren. Lleno páginas con ideas, conceptos visuales, observaciones y notas. En esta etapa, nada es demasiado simple ni demasiado ambicioso. Me permito total libertad para explorar.
El siguiente paso es dibujar.
Siempre tengo cuadernos de bocetos cerca porque son una parte esencial de mi proceso creativo. Mis cuadernos son espacios privados donde nacen las ideas. Están llenos de dibujos rápidos, composiciones preliminares, anotaciones y experimentos. Estos bocetos no están destinados a ser perfectos; su función es capturar las ideas antes de que desaparezcan.
A medida que sigo dibujando, voy construyendo una colección de posibles obras conectadas por un mismo tema.
Cuando siento que el concepto ha madurado lo suficiente, empiezo a pensar en los aspectos prácticos. Decido los tamaños de las piezas y determino qué materiales funcionarán mejor para el proyecto.
En esta etapa también recopilo referencias visuales. Algunas veces utilizo fotografías tomadas por mí misma y, otras veces, combino varias imágenes de referencia para crear una composición completamente nueva. En ocasiones incluso utilizo fotografías propias cuando necesito una pose o una expresión específica.
El objetivo nunca es copiar exactamente una referencia. Las utilizo como herramientas que me ayudan a construir la imagen final que tengo en mente.
Después de reunir ideas, bocetos y referencias, comienzo a refinar cada composición. Poco a poco, los dibujos preliminares evolucionan hasta convertirse en diseños más detallados. Cuando estoy satisfecha con uno de ellos, lo transfiero a su soporte definitivo, ya sea papel, lienzo o panel de madera.
A partir de ahí, el proceso depende de los materiales que haya elegido.
Si estoy creando una obra de acuarela y bordado, normalmente realizo primero toda la pintura en acuarela. Una vez terminada y completamente seca, comienzo a bordar, añadiendo textura, relieve y dimensión mediante los hilos.
Si estoy trabajando con óleo y pan de oro, el proceso es diferente. En ese caso, suelo preparar y aplicar primero el pan de oro antes de comenzar a pintar con óleo, permitiendo que ambos materiales dialoguen entre sí a lo largo de la obra.
Como mis ideas suelen desarrollarse en forma de series y no como piezas aisladas, normalmente trabajo en varias obras al mismo tiempo. Mientras una pintura se está secando, otra puede estar todavía en fase de boceto y una tercera puede encontrarse en sus últimos detalles.
Por eso rara vez termino una obra de principio a fin en una sola sesión. Prefiero moverme entre diferentes piezas, permitiendo que cada una evolucione a su propio ritmo.
Hoy, como madre de niños pequeños, mi tiempo de estudio es más limitado de lo que era antes. Trabajo en pequeños momentos, adaptando la creación artística al ritmo de la vida familiar. Sin embargo, mi proceso sigue siendo el mismo: las ideas se convierten en bocetos, los bocetos se convierten en series y las series terminan transformándose en obras terminadas.
Para mí, cada pintura comienza mucho antes de la primera pincelada. Comienza con la curiosidad, la imaginación y el deseo de explorar todas las ramas de una idea antes de decidir hacia dónde me llevará el camino.