Esta sección está dedicada a los trabajos que realizo inspirados en el Lowbrow art. A pesar de residir en España – país al que amo-, como artista egipcia que soy, en cada una de las obras que realizo basadas en este estilo trato de dejar patente el alma de Egipto bien sea a través de figuras icónicas, alegorías, patrones o cualquier otro símbolo que permita evocar la cultura egipcia y sus tradiciones.
La «homosía de azúcar» es un postre típico egipcio. Durante mi infancia me veía obligada a comerlo aunque no me gustaba en absoluto por lo duro que es; siempre tuve la esperanza de que se derritiera de alguna manera mágica, y bromeaba con mis amigos diciendo que todo se puede deshacer en esta vida a excepción de la «homosía del azúcar».

Crecí y la idea seguía viniendo a mi cabeza por lo que finalmente decidí dibujar este cuadro donde la luna representa la «homosía de azúcar», dura e inmasticable, y las rosas simbolizan todo lo demás que se funde a su alrededor. Además he incluido la figura de un gato, símbolo del antiguo Egipto y presente actualmente en cualquiera de las calles egipcias.
Como artista egipcia del movimiento lowbrow art he tratado de rememorar estos recuerdos de mi infancia en este cuadro, realizado con pinturas acrílicas y al óleo.
Otro de los postres típicos egipcios es el conocido como Aroset El Moled, elaborado con cacahuetes, semillas de sésamo, coco y pistachos. En este cuadro, el postre «Aroset El Moled» es la fuente de mi inspiración.

Decidí dibujar esa dulce figura de una manera diferente a la habitual muñeca de los dulces egipcios, pero mantuve la misma forma original conocida en Egipto. Usé pan de oro dentro de los círculos de caramelo centrales y en el diseño islámico de la arquitectura mostrada en el fondo del cuadro; además, como soy fan de los antiguos diseños faraónicos, hice un relieve dentro de los círculos que representan la flor de loto, famosa en el antiguo Egipto, y añadí un hoja de oro coronando el postre.
Lejos de la típica mirada egipcia caracterizadas por ojos color avellana o negro y el pelo oscuro, con este cuadro he querido dibujar una muñeca con ojos del color del cielo y un cabello en el que se superponen los colores del mar y la arena.

Ojalá pudiera capturar la magia del mar, el cielo y la naturaleza de este vasto universo en una simple y humilde vasija. De esta forma surgió la idea del cuadro, un muñeco florero que lleva en sus colores el mar, el cielo, rosas y mariposas….un alegato a la inmensa madre naturaleza!. La dibujé como una pequeña reina con la corona de usaban los reyes del antiguo Egipto, y este fue el resultado en estilo lowbrow art.
Hay una historia que se hizo famosa en Egipto en la década de 1960, en concreto en el año 1963, cuando un director egipcio produjo una película titulada «La novia del Nilo«; su historia giraba en torno a los sacrificios que los antiguos egipcios solían hacer, arrojando a una hermosa novia al Nilo como regalo al río Nilo para expresar su lealtad y su gratitud por sus bondades. Esta historia, pese a no ser cierta, quedó grabada en la mente de los egipcios desde el estreno de la película.

En este cuadro he tratado de reflejar esta historia representando a la novia del Nilo; sin embargo no he querido escenificar su sacrificio sino solo a la novia con su velo, disfrutando de la naturaleza y de sus sueños, simbolizados por barcos de papel flotantes.
En la cultura egipcia se da una gran importancia a la envidia, por lo que la población evita difundir, de forma muy notoria, sus próximos acontecimientos felices como un embarazo, un matrimonio o la compra de una nueva casa.
Los egipcios creen que si los demás se enteran de sus buenas noticias, algo malo sucederá y las cosas no saldrán bien. Por tanto, suelen recurrir a diferentes métodos para protegerse de la envidia, como la famosa «mano de Fátima» o «Hamsa» – que en árabe significa «cinco»- o el «ojo de la envidia», entre otros.

En esta obra se expresa esta creencia a través de un nido de aves, protegido bajo un velo, así como a través del cristal que sostiene la mano de Fátima, empleada para alejar la envidia y el mal augurio, y que facilitará la protección del nido hasta la eclosión de los huevos.