Antes de los ordenadores.
Antes de los teléfonos móviles.
Antes de los mensajes instantáneos y las notificaciones constantes…
Nos escribíamos cartas.
Al menos, yo lo hacía.

Cuando era más joven, mis amigas y yo intercambiábamos notas escritas a mano, papeles doblados, pequeñas cartas llenas de secretos, dibujos, recuerdos y conversaciones tontas que en ese momento parecían importantísimas. Teníamos agendas y cuadernos donde guardábamos pedacitos de nuestra vida: fotografías, pegatinas, flores secas, pequeños papeles y hasta billetes que queríamos conservar como recuerdo.
Esos cuadernos se convertían en pequeñas cajas de memoria.
Los decorábamos con cuidado, añadiendo capas de quiénes éramos en ese momento de nuestras vidas. Nunca se trató solo de escribir. Se trataba de guardar emociones.
Y de alguna manera, incluso ahora, sigo llevando conmigo ese amor por las cosas hechas a mano.
Hay algo profundamente humano en la escritura a mano.
La forma en que alguien aprieta más el bolígrafo cuando está emocionado.
Las pequeñas imperfecciones de las letras.
El hecho de que otra persona sostuvo exactamente ese mismo papel entre sus manos… y ahora tú también lo estás sosteniendo.
Eso crea una conexión que ninguna pantalla puede reemplazar del todo.
Hoy todo parece inmediato.
Mensajes rápidos.
Contenido rápido.
Reacciones rápidas.
A veces siento que todos estamos cansados de las pantallas y del ruido digital constante. Leemos cientos de palabras cada día sin llegar realmente a sentirlas.
Creo que necesitamos volver a vivir más despacio.
Escribirnos otra vez.
Contarnos historias.
Compartir ideas con calma.
Volver a sostener algo real entre las manos.
Ese sentimiento es la razón por la que nació mi club de correo.
Quería crear algo más personal que una publicación en redes sociales. Algo que saliera de la pantalla y llegara físicamente a la casa de alguien, como una pequeña sorpresa venida de otro mundo.
Durante los próximos meses, el tema del club estará inspirado en mis pinturas de muñecas egipcias y en mis recuerdos. Cada mes enviaré una pequeña colección que incluirá:
— Una postal impresa de una de mis obras
— Un marcapáginas
— Pegatinas
— Y una carta
Me encanta pensar que estos sobres viajarán entre ciudades y países llevando pequeños fragmentos de arte, historias y conexión humana.
Sinceramente, dudé mucho antes de empezar.
Una parte de mí pensaba:
¿De verdad habrá alguien interesado en algo así?
Porque hoy todo es digital e inmediato, y a veces las cosas hechas a mano parecen demasiado silenciosas para este mundo tan rápido.
Pero quizá justamente necesitamos ese silencio.
Me di cuenta de que no quería crear solamente productos.
Quería crear momentos.
Una razón para que alguien abra su buzón con ilusión.
Una razón para detenerse unos minutos.
Una razón para volver a coleccionar recuerdos.
En cierto modo, este club de correo no trata solo de arte.
Trata de volver a la suavidad.
A la lentitud.
A las historias compartidas.
A la conexión humana.
Y quizá, a través de estas cartas, podamos recordar cómo se siente recibir algo hecho con manos reales, pensamientos reales y cariño real.